15 de abril de 2010

Día 8. Recomendación primera.

Ché Sandoval explicó primero que su trabajo era la tesis de la Escuela de Cine de Chile. Cuando le preguntaron qué cine lo influenciaba, respondió: “Como todo estudiante de cine, me gustaba mucho el contemplativo, la posibilidad de una película que contara algo si quería, pero no siempre. Todo cambió en el 2007, cuando vi Mutual Appreciation de Andrew Bujalski y me di cuenta de que el cine podía hablar de algo más que de sí mismo”.
Al principio creí que era pura casualidad que me hubiera gustado tanto la película Te creís la más linda (pero erís la más puta) y que su director responsabilizara por ella, en parte pero puntualmente, a Mutual Appreciation, film que se convirtió, en el momento que los créditos aparecieron, en uno de mis preferidos. Pero después de mucho pensar sobre la obra de Sandoval y la de Bujalski (que, por cierto, generó muchísimo entusiasmo en todos los estudiantes que tuvieron la posibilidad de verla en aquel Festival de Mar del Plata), me di cuenta de que tales casualidades no existen.
Continuó Ché, contando que sus profesores no estaban entusiasmados con que hiciera una película “teen” (si es que se puede decir que es teen, entonces no se puede omitir que trae algo muy original y renovador al género, especialmente en Latinoamérica), pero él no dudó en contestar “¿Cómo no voy a hacer una película teen? Tengo veintiún años… ¿sobre qué voy a escribir si no?”. Hoy, con veinticuatro, confía en que tuvo razón. Y el público también.
La honestidad y el humor de Ché se ven en los poco más de 80 minutos de Te creís la más linda… Sus planos largos, nunca aburridos ni agotadores, dan libertad al desarrollo vertiginoso de diálogos ácidos, filosos e increíblemente divertidos, carentes de pudor. Y es que ¿qué pudor puede haber cuando se cuenta la historia de un chico de veintipocos que se enamora de una mujer que lo deja después de tener sexo por ser eyaculador precoz?
Se termina la ronda de preguntas. Hoy dieron más tiempo que otras veces. Por último, Ché asegura que Martín, el protagonista, no es actor (como la mayoría del elenco) y es nada más que su mejor amigo. También dice que casi no hubo lugar para la improvisación. Difícil es creerle, pero no queda otra y Martín, que está también en Buenos Aires, lo confirma.
Es tarde y momento de volver. Me subo al colectivo con cansancio, y me sorprende que, después de tantas películas, por primera vez esté convencido de que lo primero que tengo que hacer cuando llegue a casa es escribir lo que me salga con un solo objetivo: que nadie se pierda Te creís la más linda (pero erís la más puta).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Después del bip, y el chiste estúpido, dejá tu mensaje.