El sol de tonos anaranjados se levanta por detrás de los edificios y pinta la ciudad de colores cálidos. Un día se anuncia en las calles despobladas, repletas de hojas de diarios y bolsas de plástico que dan vueltas como si fueran bolas de paja en el desierto. El primer auto pasa a gran velocidad y hace que la bolsa blanca gire sobre su eje hacia arriba, deambulando hasta chocarse con la parte alta del semáforo. Es Buenos Aires, es el amanecer, es un nuevo día. Es el Nuevo Día 0.
Me levanto extraño por el sueño de ayer. No recuerdo bien qué pasaba, pero me tiene inquieto. Voy al baño a mojarme la cara y me doy cuenta de que es demasiado temprano para estar despierto. Desde mi ventana veo una bolsa de plástico blanca que está sobre la parte alta del semáforo. Me concentro frente a mi calendario del BAFICI. Es momento de marcar películas, es momento de comprar entradas para ellas. Es momento del renacimiento.
Y, mientras todo avance, algo haré.
Tengo entradas, hay algo de prensa en las salas y hay muchos estudiantes. Querían que no fuera así, pero los Diarios continúan. Es el Nuevo Día 0.
El Diario sobre un estudiante con planes que de repente no los tenía más: pocas líneas sobre películas, gente y un festival.
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