No sabría definir con exactitud qué es el Día 0. Y, después de una búsqueda bastante menos que intensiva, puedo decir que pocos se animan a definirlo. Sólo sé que es "el día antes". El día antes del festival, en este caso. Pero, entonces, ¿cuál es la fecha del Día 0?
La gacetilla de prensa dice que el 7 de abril se retiran las acreditaciones y en el banner del BAFICI esa misma fecha aparece como el comienzo. Pero para mí el Día 0 poco tiene que ver con lo que diga nadie. Ni siquiera, como creen muchos, es el día en que las entradas empiezan a venderse y uno puede ya sentir el festival que se acerca, las fechas complicadas en las que uno tiene que perder clases, adelantar horas de trabajo o postergar citas médicas para ver esa película que quizás no vuelva a tener la posibilidad de presenciar en pantalla grande. Para algunos, la famosa fecha empieza en el medio del festival, cuando se sientan en la sala, el silencio se convierte en religión, los chicos de uniforme dejan de ofrecer café (y también otras cosas que nadie va a comprar) y los celulares, por un instante, pierden la supremacía como centros de atención y la oscuridad, finalmente, se hace del lugar por unas decenas de minutos. Para muchos otros, la cosa no es tan romántica: es una entrada a una película que no tienen ni la más puta idea de lo que es, pero sale más barata que las del resto del año y, como agregado especial, uno puede decir que asistió a un festival y consumió cultura de la buena.
Sigue habiendo otras opciones para el Día 0, pero para mí (y he comprobado sin sorprenderme que no soy el único) es ese gran momento, en el que el catálogo del festival de turno (no, BAFICI, no sientas que sos menos especial: sos mi preferido) está en mis manos y puedo saborear el olor a nuevo de sus hojas luego de abonar el precio exigido para empezar a leer los comentarios, las pequeñas líneas a veces tan extrañas y distrayentes que, finalmente, logran determinar cuáles de las 422 películas que el año 2010 tiene para ofrecer serán las elegidas. Punto rojo, las que tengo que hacer lo posible por ver; línea roja, las que, si estoy con tiempo para ver una y sin punto rojo entre las opciones, podrían ser; y espacio vacío, para aquellas que este año no me tentaron. No quedan dudas de que -y la experiencia no hace más que confirmarlo- entre mis espacios vacíos habrá alguna que nunca debió serlo. Pero eso también es parte del "día antes": cometer un error que sólo comprobaremos que hemos cometido una vez que no podamos solucionarlo.
Desde ayer es mi Día 0. Y todavía no sé hasta cuándo, porque hay 450 páginas de las que ni siquiera una puede ser salteada: si algo aprendí en estos años de festivales es que nunca se debe dejar a la suerte la posibilidad de cometer un grave error y dejar un espacio vacío en lugar de un punto rojo.
Genial nota. Muy divertida
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